Jaén, 21 de Marzo de 1997

           Estimado Padre  Ángel:


       Voy a presentarme porque creo que no se acordará de mí. Me llamo Pili, tengo veinte años y tengo una hija de cinco; ella se llama Amanda. Soy una de tantas chicas que han tenido una infancia difícil y cruel.

      A mí me abandonó mi madre cuando yo tenía veintiún día. Mi abuelo materno me internó en el hogar Provincial de Almería. A mí en el hogar me lo dieron todo hecho, ya que había limpiadoras, cocineros …, de todo. Materialmente estaba bien atendida, pero siempre he tenido un sentimiento de estar
vacía, me faltaba todo lo que esos niños "externos", como les llamábamos, tenían y todo eso era algo tan sencillo como la palabra "PADRES".

      Cuando los padres llevaban a sus hijos al colegio cogidos de la mano, se me aceleraba el corazón y pensaba: !… si yo tuviese unos padres, me cogerían siempre de la mano, me contarían cuentos, me llevarían al  parque!...; soñaba como lo hacen los niños de siete u ocho años de edad en la misma situación.

      Luego crecí y a los catorce años me quedé embaraza. Entonces del hogar provincial me enviaron a un centro de madres jóvenes en Granada, que se llama Amaltea y entonces si que noté la falta de unos padres, sobre todo de una madre que me hubiera aconsejado y me hubiera apoyado durante mi embarazo, pero sin embargo, aunque las personas que trabajaban allí me apoyaban y me daban cariño, yo me sentía sola, porque no buscaba la compasión por parte de las personas, buscaba una madre. Pero pasó otra etapa de mi vida y tuve que seguir adelante sola, luchando por lo que iba a venir a este mundo.

      Llegó el momento y nació mi hija. Mi vida dio un giro de ochenta grados, esa criatura había estado dentro de mí durante nueve meses. Yo ya
no podía dejar pasar la vida ante mis narices sin meterme  dentro de ella, ahora tenía algo por lo que luchar con uñas y dientes. Y fue pasando el tiempo y en el verano del mil novecientos noventa y tres, cuando mi hija tenía un año y medio, me llevaron a una casa de Mensajeros de la Paz en Almería. Fui la primera madre soltera que llegó a la Asociación. Ese mismo verano le conocí a Vd. Padre, gracias a Carmen Seijas Calvo, que estuvo también en Almería de educadora.

      Gracias a Mensajeros de la Paz, yo he podido seguir luchando para forjar un mañana para mi hija. Mientras he estado en Mensajeros me he dado cuenta que ahí no he sido un número, un historial o un informe, como lo he sido en el hogar provincial y en Amaltea, sino que me han tratado como a una persona. He conocido lo importante que son algunas cosas como por ejemplo, sentir que esa es tu casa, que ahí estas segura y no te van a echar a la calle cuando cumplas la mayoría de edad; que puedes seguir luchando, haciéndote más persona día a día, y muchas cosas más; aprender el valor que tiene una cosa tan común como sentarte a la mesa a comer con las personas que convives, que son totalmente diferentes a tí, pero que sin embargo
están en la misma situación o parecida y necesitan el mismo amor que tu puedas necesitar.

      Pero aunque había descubierto sentimientos y sensaciones que no había conocido, no se por qué a mis 18 años seguía con la esperanza de tener unos padres, porque me sentía tan sola y tan vacía como siempre, aunque mis educadoras estuviesen dando su vida por mí, día a día y, yo lo sabía, pero no buscaba unas educadoras, yo buscaba una familia de verdad.
Y seguía esperando. Mientras tanto, quien de verdad por primera vez se ha preocupado de mí ha sido Domingo. Después de dos años en Almería, nos trasladamos a Ros, el pueblo donde Domingo está de cura. Por estar viviendo en el mismo lugar, Domingo bajaba allí al piso casi todos los días, para estar con nosotras, nos gastaba bromas, jugaba con nosotras, pero también nos regañaba cuando nos lo merecíamos. Para mí, Domingo ha sido y es muy importante en mi vida porque he hablado muchas veces con él sobre mis problemas y mis sentimientos y él me ha orientado muchas veces. El si que es verdad que no me ha fallado. Yo admiro mucho a Domingo, porque lo que él esta haciendo junto con Vd., no lo hace cualquier persona. Creo que su vida no es suya, es de esos niños y niñas, problemáticos o no problemáticos, que él sabe que lo necesitan porque no tienen a nadie.

      En fin, un día como otro cualquier para mí, vinieron a Rus a visitarnos un matrimonio de mediana edad que conocían a Magdalena, una educadora y a Elí, una de las niñas mayores; yo les había visto tan sólo una vez y de pasada, así que ni siquiera me acoraba de ellos. No se por qué pero me dije a mi misma que esas personas y yo estábamos destinadas a construir algo juntos; así que me propuse conquistarles. Desde el momento en que los conocí, algo cambió en mi vida, por esa época yo no tenía ganas de seguir luchando, quería dejar incluso mis estudios. Ellos hablaron conmigo y me levantaron el ánimo. Fueron varias veces a Rus, a regalarnos a todas nosotros un poquito de su tiempo, simplemente con hablar con ellos a la mayoría de nosotras se nos compraban muchas cosas. Todo esto ocurrió en Navidades o principios del año 1996.


      Ese mismo año, en Semana Santa, me fui con ellos a su casa a pasar, creo que tres días. En esos días, no sabía como decirles que les necesitaba, que les había tomado cariño y, que estar con ellos era lo que más había deseado en este mundo. Ahora me acuerdo y me echo a reír, parecía una niña pequeñita, no sabía como llamar la atención. Una noche estuvimos hablando de cómo yo me sentía en el piso y otras cosas más, y me dijeron que ellos estarían siempre ahí para cuando los necesitase. En ese instante me convencí de que ellos y yo acabaríamos juntos en el mismo camino. Me ofrecieron lo que nadie me había ofrecido, simplemente decir que estarán siempre ahí. Volví triste a Rus, no quería  separarme de ellos, pero así tuve que hacerlo porque tenía que terminar mis estudios


      Por fin les dije que quería formar parte de su familia, ellos me dijeron que no debíamos ir demasiado rápido, que no teníamos prisa, que estas cosas llevan su tiempo, pero que lo intentaríamos. Yo, por un lado les creía, pero por otro lado, pensaba que sólo me lo habían dicho para apartarme de sus vida de forma suave, para no hacerme daño. No sé, sentía miedo, pensaba que quién iba a querer acoger en su casa a una chica de 19 años y a su hija de 4, esa era una locura.


      Así, que siguió pasado el tiempo y ellos venían, nos llamaban por teléfono, estuvieron hablando con Domingo, yo también hablé con él. Domingo no sabía si aquello iba a salir bien porque yo ya tenía
una vida hecha, tenía 19 años y además una hija. Pera ellos y yo apostamos por luchar. Yo porque quería y veía en ellos unos padres que nunca había tenido y ellos, supongo que pensarían que yo era una de tantas personas que necesitaban amor y apostaron por mí.

      Pensamos que sería una buena idea conocernos mejor durante el verano y después hablar y decir lo que pensaba cada uno y tomar decisiones en consecuencia. Bueno Padre, no le he dicho que ellos tienen un hijo de 19 años que se llama Francisco Jesús y que ellos se llaman Angustias y Francisco.


      Pasé con ellos el verano en una casa que tiene en Bedmar, un pueblo de Jaén. Yo me sentía muy bien con ellos pero al mismo tiempo, tenía miedo de que cuando acabase el verano me dijesen que aquello no podía ser, que esperaban que yo fuese o actuase de otra manera, no sé, supongo que dentro de lo que pretendía estaba también el sentir miedo a ser rechazada por no ser "perfecta" o "ideal" para ellos y así pasé todo el verano con ese tira y afloja.


      Acabó el verano y llegó el momento de hablar Angustias, Francisco, Francisco Jesús, mi hija y yo. Yo estaba aterrada porque no sabía lo que sentían dentro de su corazón hacia nosotras dos. Cada uno dijimos lo que habíamos sentido y todos estuvimos de acuerdo en que si queríamos formar todos juntos una familia, ese proyecto podría funcionar, ¿por qué no? Y así lo hemos hecho, mi querido Padre Ángel. Llevamos nueve meses, casi diez, mi hijo y yo conviviendo con mis PADRES y mi HERMANO, es algo maravilloso porque sé que tengas la edad que tengas, tus sentimientos no tienen edad y que jamás debe avergonzar a una persona el mostrar sus necesidades y sus sentimientos por muy mayor que sea, porque si te callas, vivirás siempre con eso ahí dentro, pero si hablas y lo dejar ver, te puede tocar la lotería, el gordo y la primitiva juntos, como me ha tocado a mí; quien me iba a decir esto a mí, yo que pensaba que iba a estar sola con mi hija en esta vida, que pensaba que jamás llegaría ya a tener una familia ….. y mire Vd., no sólo tengo unos padres y un hermano, tengo primos, tíos, abuelos …. Y todos nos han acogido en la familia.


      Yo sigo con mis estudios, hago Jardín de Infancia, cuarto curso, y me va muy bien. Mi hija ha cambiado mucho, ahora tiene mucha más seguridad y estabilidad. Soy feliz Padre Ángel, aunque mis padres y yo discutimos mucho porque soy muy cabezota y a veces aún no quiero creerme que estoy con ellos y que me quieren, supongo que es una especie de barrera de protección. Eso es algo que tengo que eliminar, ese muro que levanto cuando me corrigen algo o quieren hablar conmigo de algún tema de mi pasado, pero aunque levante esa barrera, yo les quiero y ellos me quieren y eso es lo más importante.


      No sé si lo que nos ha pasado a mí y a mi hija ha sido el único caso que se ha dado, pero yo creo que esta sería una buena situación para aquellos chicos y chicas que de verdad tienen ganas de tener una familia y no han perdido la esperanza. Aunque también comprendo que es algo muy difícil, porque si los que quieren adoptar solo quieren bebés ¿quién va a querer adoptar a un adolescente? Un fallo muy grande de esas personas el querer adoptar sólo a bebés ¿es que los niños de 7, 8, 9 ….18, 19 años no tienen derecho a descubrir sentimientos, a saber lo que es amor, ternura, apoyo y comprensión por parte de unos padres? Luego qué pasa con esos niños que nadie quiere, porque por desgracia Mensajeros no puede acoger a tantísimos niños, se tienen que ir a la calle cuando cumplen 18 años con estudios medios, sin recursos, … esos niños que un día son acogidos por el Gobierno para darles un futuro, resulta que cuando se tienen que ir a la fuerza, acaban la mayoría como sus padres o peor …


      Bueno Padre, no quiero seguir escribiendo porque mi carta ya es bastante extensa. Es que ese tema no lo soporto, es totalmente injusto ¿sabe? !Claro que sí lo sabe! !qué tonta soy!


      Lo último que quiero decirle es que es admirable lo que Vd., gracias a Dios, ha construido. Jamás podré olvidar el nombre de Mensajeros de la Paz, ni a su fundador el Padre Ángel García. Lo que Vd. da sí es amor. Le deseo que esto siga y siga creciendo, no el número de casas-familia, sino el ejemplo que Vd. nos está dando a todos, porque así llegaría el día en que por falta de niños abandonados se tuviesen que cerar todos las instituciones gubernamentales y no gubernamentales, de verdad Padre, lo deseo con todo mi corazón.


      También quiero decirle, que si alguna vez me necesita para lo que sea, da igual, aquí me tiene, no dude en pedirme lo que sea, mis manos, mi tiempo, mi vida …

Bien Padre, ya me despido, Una abrazo muy fuerte, siempre agradecida,

             Pili

Página Principal | Programas de atención a Infancia | Carta de una adolescente.